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lunes, 14 de abril de 2014

La habitación 503


Esta semana, tal y como prometí os quería enseñar el primer dibujo que realicé en el hopital cuando mi madre estaba recién intervenida. Cosas de la vida, siendo un hospital público, uno a veces se ve obligado, estando no del mejor humor, a compartir habitación con un extraño, el cual tampoco es que precisamente esté en su mejor momento.

Son horas interminables, dolor, soledad. Pero en la habitación de la 503 se fraguó un buen entendimiento entre las dos personas a las que les tocó compartir intimidad. Ambas habían sido intervenidas de un cáncer, y ambas habían padecido dolores que no quiero ni imaginar. El respeto y la educación, los ofrecimientos, fueron mutuos, nos cuidamos un poco entre todos… qué poco cuesta ser humano cuando hay intención. Pilar, una señora que como mínimo se puede considerar una luchadora, había pasado por mucho, lo último el dichoso cáncer. Pacientemente aguantaba a algunas de las cuidadoras que a veces le traían, pacientemente las reñía si se pasaban o molestaban a mi madre, que las estaba pasando muy mal también. Ella es de Teruel, una mujer con una educación exquisita, un saber estar intachable.

Después de varios días, a mi madre o a ella le iban a dar el alta, por lo que, no se volverían a ver muy probablemente debido a su estado aún débil, y por la distancia que había: tampoco dio tiempo a mucho más.

Así que mi madre, habiéndole cogido tanto cariño a Pilar, quiso hacerle un obsequio, encamada como estaba,y no había mucho donde elegir o donde irse ella a comprar: nada de bombones, porque no podían aún comer nada que no estuviese prescrito medicamente, nada de libros ( aún era pronto para saber gustos) nada de flores… bueno no al menos, naturales.

Mi madre decidió darle el primer dibujo que le hice, realmente el que más le gustaba, y con un gesto medio lloroso quiso que le regalase la rosa que le dibujé, a la señora Pilar, con la promesa, de que ya en otro momento, le dibujase otra a ella “ Yo te tengo siempre” .

Y es que a veces, aunque haya poco, podemos dar mucho. La rosa la tiene la señora Pilar, quien aún acude a sus tratamientos de quimioterapia, nosotros seguimos en el hospital, esperando que las cosas vayan a mejor.

Espero que esa rosa le arranque siempre un buen sentimiento y que le ayude a seguir luchando. Desde aquí, un beso y un abrazo Pilar.

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